Ejercicio de relajación

Acuéstate en un lugar tranquilo. Encuentra una posición cómoda y cierra los ojos. Respira profundamente y suelta con un suspiro todo lo que te ha estado pesando. Incluso puedes dejar que el suspiro haga sonido. Repite esto varias veces. Continúa con respiraciones profundas, dejando que tu diafragma suba y baje y haciendo que tus respiraciones sean largas. Presta especial atención a la exhalación; tu cuerpo inhalará de forma natural por sí solo.

Imagina que estás inhalando paz, calma y serenidad

Visualiza cómo toda la paz y la calma que inhalas se expanden por todo tu cuerpo. Fluyen hasta tus dedos de los pies, hasta las puntas de tus dedos, en tu piel y hasta tu cabeza. Nota lo bien que se siente.

Ahora imagina que exhalas todas las preocupaciones y cargas que has estado llevando

Siente cómo tu mente y tu cuerpo se limpian y se vuelven más ligeros. Con cada respiración, deja que la relajación reemplace la tensión y permite que tu cuerpo lo sienta. Observa cómo tus músculos se relajan, tu respiración se profundiza y todo tu cuerpo —y, a su vez, tu mente— se vuelve más tranquilo. Tu ritmo cardíaco se ralentiza, tu presión arterial disminuye, tu cuerpo se relaja y tu mente se siente en paz.

Permanece en esta posición por un momento y permítete disfrutar de este estado. Cuando el ejercicio termine, tómate un momento para pensar cómo puedes llevar esta sensación contigo durante el resto del día. Luego hazlo.

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