Los mecanismos de defensa son procesos psicológicos inconscientes que impiden que los conflictos que provocan ansiedad lleguen a ser conscientes. Como resultado, pueden aparecer la negación, la normalización, la proyección y la somatización.
La negación significa que una persona no reconoce algo que realmente ha sucedido, o su importancia, porque es demasiado difícil de procesar. Por ejemplo, una persona puede no querer admitir que su pareja se comporta de manera violenta, aunque la violencia esté ocurriendo. El objetivo es proteger la mente de emociones abrumadoras o de la ansiedad.
La normalización significa que una persona comienza a ver un comportamiento anormal o perjudicial como “normal” o aceptable. Por ejemplo, si en una familia hay discusiones constantes o violencia, una persona puede pensar: “Esto es simplemente la vida familiar normal.” El objetivo es reducir la ansiedad y afrontar la vida cotidiana, aunque la situación sea perjudicial.
La proyección significa que una persona transfiere sus propios sentimientos, pensamientos o características a otra persona, a menudo porque le resulta difícil aceptarlos en sí misma. Por ejemplo, una persona que siente ira puede acusar a su pareja de estar enfadada o ser agresiva. El objetivo es proteger la autoestima y reducir el conflicto interno.
La somatización significa que el estrés psicológico o la ansiedad se manifiestan como síntomas físicos en el cuerpo. La tensión, el miedo o la ansiedad pueden aparecer, por ejemplo, como dolor de estómago, dolores de cabeza o tensión muscular.
Experimentar violencia puede causar muchos tipos de reacciones físicas y psicológicas. Estos son mecanismos naturales de afrontamiento mediante los cuales el cuerpo y la mente intentan protegerse de una experiencia difícil. Las reacciones pueden ir desde el bloqueo y la disociación hasta los ataques de pánico. No son signos de debilidad, sino la forma en que el cuerpo procesa un estrés extremo.
La incapacidad de hacer cualquier cosa, lo que puede parecer al agresor como consentimiento al acto.
Se refiere a una separación entre la mente y el cuerpo. Por ejemplo, la sensación de observar los acontecimientos desde fuera de uno mismo, o de que la mente está completamente en otro lugar distinto a lo que está ocurriendo. Se puede perder la memoria, experimentar el entorno o a uno mismo como extraños o irreales, y perder la noción del tiempo y del lugar.
Es una reacción corporal aguda ante una amenaza, en la que el cuerpo se prepara para luchar o huir. El cuerpo puede reaccionar intensamente, por ejemplo, con palpitaciones, respiración acelerada y sudoración.
- Recuerdos intrusivos (flashbacks)
- TEPT – Trastorno de estrés postraumático
- Vergüenza, culpa (autoculpabilización), ira, tristeza
- Trastornos del sueño
- Consumo de sustancias, adicciones
- Trastornos de la conducta alimentaria
- Depresión, trastorno de pánico, trastornos de ansiedad, trastorno obsesivo-compulsivo
- Enfermedades psicosomáticas
- Fantasías de venganza
- Autocrítica (como conducta de seguridad → sensación de control, autonomía)
- Disminución de la autoestima
- Conducta autodestructiva
- Miedo a situaciones sociales, fobias
- Aislamiento, conductas de evitación
- Experiencias relacionales correctivas
- Transformación de los recuerdos traumáticos en una narrativa, en recuerdos socialmente compartibles como parte de la historia de vida
- Funcionamiento cotidiano, autocuidado
- Terapia / procesamiento de los efectos de las experiencias de violencia (en la identidad)
- Trabajo de duelo
- Conocimiento
- Autocompasión
- Perdonarse a uno mismo
- Practicar habilidades de asertividad
- Practicar establecer límites y decir no
- Hacer cosas importantes para uno mismo, soñar
- Hablar, escribir, pintar, hacer música, moverse, etc.
- Consultar a un médico si es necesario
Fuentes: Katja Myllyviita: Häpeän hoito Anssi Leikola: Katkennut totuus Lönnqvist et al. (eds.): Psychiatry