La violencia interpersonal es un término general que se refiere, simplemente, a la violencia entre personas. Comprende el uso intencional de la fuerza física, las amenazas, la coacción o el poder por parte de una persona contra otra. La violencia interpersonal puede provocar negligencia, lesiones, daños psicológicos, privaciones e incluso la muerte.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica la violencia interpersonal en dos grandes categorías:
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Violencia familiar y de pareja (violencia doméstica) y
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Violencia comunitaria.
Se refiere, por ejemplo, a la violencia entre miembros de una pareja, el maltrato infantil, la violencia entre hermanos o el maltrato hacia las personas mayores.
La violencia comunitaria es la violencia que ocurre entre dos o más personas que son conocidas entre sí o desconocidas. Suele producirse en espacios públicos, aunque también puede ocurrir, por ejemplo, en internet. Incluye, entre otros, la violencia juvenil (por ejemplo, la violencia en las escuelas o relacionada con pandillas), la trata de personas, la violencia callejera, la violencia de pandillas, los ataques con armas o la violencia con armas de fuego (incluidos los tiroteos en espacios públicos), la violencia sexual cometida por personas ajenas al entorno cercano de la víctima, las sectas destructivas, las agresiones, los robos con violencia, los hurtos, los delitos de odio y los homicidios.
El acoso escolar y el acoso en el lugar de trabajo son también ejemplos de violencia comunitaria. Asimismo, el acoso persistente (stalking) ejercido por una persona que no mantiene una relación íntima con la víctima se considera una forma de violencia comunitaria.
Por otra parte, los atentados terroristas se clasifican principalmente como una forma de violencia colectiva (al igual que la guerra y la violencia política organizada). Aunque comparten muchas características con la violencia comunitaria y, en ocasiones, se consideran una forma especialmente grave de esta, en salud pública se clasifican principalmente como violencia colectiva.
La violencia autodirigida (como las autolesiones o el suicidio) también se distingue de la violencia interpersonal en los ámbitos de la salud pública y la criminología.
La violencia estructural se refiere al daño causado por sistemas sociales, económicos, políticos o culturales que perjudican de manera sistemática a determinados grupos de personas. A diferencia de la violencia directa, puede no existir un autor claramente identificable; el daño es consecuencia de estructuras, instituciones o políticas desiguales que limitan el acceso de las personas a recursos, oportunidades, derechos o bienestar.
La violencia institucional hace referencia al daño causado por las acciones, políticas, prácticas o la falta de actuación de instituciones como los gobiernos, las escuelas, los sistemas de salud, los centros penitenciarios u otras organizaciones. Se produce cuando estas instituciones maltratan, descuidan, discriminan o abusan, de forma directa o indirecta, de personas o grupos de personas.